Apagones invisibles, ¿qué pasaría si se apagara el hormigón?

El apagón eléctrico que afectó ayer a millones de personas en España y en otras partes de Europa nos dejó una lección valiosa: las infraestructuras no son un lujo, sino el pilar invisible que sostiene nuestra vida diaria. Cuando la energía falla, las ciudades se paralizan, los hospitales recurren a sistemas de emergencia, el transporte se detiene y las comunicaciones se interrumpen. Pero más allá de la inmediatez de este suceso, conviene plantearse una pregunta de fondo: ¿qué ocurriría si, además de la energía, fallaran nuestras infraestructuras físicas?

En un mundo cada vez más interconectado, la resiliencia —esa capacidad de resistir, adaptarse y recuperarse ante una crisis— se ha convertido en un requisito esencial para cualquier sociedad moderna. Y la resiliencia empieza, de forma silenciosa pero decisiva, en los materiales y tecnologías con los que construimos nuestras infraestructuras.

Entre ellos, el hormigón ocupa un lugar central. Desde hospitales hasta estaciones eléctricas, pasando por puentes, túneles, metros, aeropuertos, presas o centros de datos, el hormigón no solo proporciona la base física de nuestra vida cotidiana, sino que garantiza la continuidad de los servicios esenciales cuando más los necesitamos. El hormigón es la estructura que no se apaga.

El reciente apagón pone de manifiesto que no basta con tener redes energéticas inteligentes o tecnologías de vanguardia si no están soportadas por infraestructuras robustas, duraderas y preparadas para situaciones extremas. Un túnel mal diseñado o un hospital sin estructuras de alta resistencia puede multiplicar los daños de una emergencia y ralentizar la recuperación económica.

Por eso, invertir en infraestructuras de calidad —con materiales innovadores, procesos de construcción sostenibles y criterios de durabilidad exigentes— es una inversión directa en la estabilidad económica y social de un país. Cada euro destinado a construir mejor es un escudo frente a futuras crisis, ya sean naturales, tecnológicas o energéticas.

Desde la Asociación Nacional Española de Fabricantes de Hormigón Preparado (ANEFHOP), promovemos no solo la excelencia en la producción del hormigón, sino también su evolución hacia soluciones más sostenibles, resilientes y adaptadas a los nuevos retos. Apostamos por hormigones de altas prestaciones, por sistemas constructivos más eficientes y por la reducción de la huella de carbono, para construir no solo con vistas al presente, sino al futuro.

Sin embargo, esta transformación no puede recaer únicamente sobre los hombros de las empresas. Es necesario que las administraciones públicas impulsen decididamente el cambio mediante políticas de apoyo e incentivos que favorezcan el uso de hormigones sostenibles en obra pública y privada. Apostar por materiales de baja huella de carbono, fomentar la innovación en los procesos de producción y valorar en los concursos públicos criterios ambientales claros es fundamental para alcanzar los objetivos de descarbonización y resiliencia que demanda Europa.

El sector del hormigón preparado ha demostrado ser una industria resiliente, capaz de soportar crisis económicas, pandemias y transformaciones profundas. Pero no puede hacerlo a cualquier precio. La realidad es que muchos fabricantes viven hoy una situación límite: la morosidad se ha convertido en una lacra estructural, con plazos de pago que, de manera habitual, alcanzan los 180 días, muy por encima de lo que permite la ley. Esta práctica ahoga financieramente a los empresarios, limita su capacidad de inversión y pone en riesgo su continuidad en el mercado.

No podemos exigir infraestructuras modernas, sostenibles y de alta calidad si no protegemos también a las industrias que las hacen posibles. La defensa de unos plazos de pago razonables, el cumplimiento efectivo de la Ley de Morosidad y la promoción de una contratación pública y privada más responsable son medidas imprescindibles para garantizar la estabilidad del sector.

España afronta en los próximos años un desafío crucial: modernizar sus infraestructuras, reforzar sus servicios básicos y garantizar que nuestras ciudades y territorios estén preparados para lo imprevisto. El apagón de ayer es una advertencia. La resiliencia no se improvisa; se construye cada día, con visión, con inversión y con materiales que, como el hormigón, aseguren que la estructura de nuestra sociedad se mantenga firme en cualquier circunstancia.

No dejemos que las crisis nos sorprendan. Apostemos desde hoy por infraestructuras de calidad, por empresas sólidas y por un futuro verdaderamente resiliente.

Carlos Peraita Gómez de Agüero
Director general de ANEFHOP

 

Esta tribuna de opinión ha sido publicada en el número 1.027 de la Revista Cemento Hormigón.

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