La falta de relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la construcción. Acercar el sector a las nuevas generaciones, despertar vocaciones técnicas y mostrar la realidad de unas profesiones cada vez más innovadoras y especializadas es una tarea compartida por empresas, asociaciones, centros educativos y colegios profesionales.
En este contexto, el Gran Concurso del Hormigón ha demostrado, en tan solo tres ediciones, que es posible despertar el interés de miles de estudiantes a través de una experiencia práctica y motivadora.
Tras la celebración de la final nacional, patrocinada por ANEFHOP, conversamos con Ramón Lakuntza, secretario técnico y gerente del Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos de Navarra e impulsor de esta iniciativa, para hacer balance de un proyecto que ya se ha convertido en una referencia para acercar el talento joven al futuro de la construcción.
Cada vez se habla más de la falta de relevo generacional en la construcción. Desde su experiencia, ¿cuál cree que es el principal reto para despertar vocaciones entre los más jóvenes?
Tenemos un doble reto: romper estereotipos desfasados y darnos a conocer. Por un lado, la sociedad y los jóvenes siguen percibiendo la construcción como un sector exclusivamente físico, duro y tradicional, por lo que el desafío es mostrarles la realidad actual, que somos una industria altamente tecnificada, donde el diseño, el cálculo, la gestión de equipos y la innovación son el día a día.
Por otro lado, en el caso de nuestra profesión, el reto es darla a conocer, ya que la arquitectura técnica sigue siendo una gran desconocida para la sociedad en general y para los jóvenes en particular. Tenemos que acercarles nuestra figura no como un concepto abstracto, sino como el profesional indispensable que hace que los proyectos se conviertan en realidad, combinando ciencia, técnica y gestión a pie de obra.
El Gran Concurso del Hormigón nació hace tres años con el objetivo de acercar la construcción a los estudiantes. Después de esta tercera edición y de la celebración de la primera final nacional, ¿qué balance hace de la evolución del proyecto?
El balance no puede ser más positivo. Iniciamos el proyecto sin grandes ambiciones, con el ánimo de llegar al alumnado navarro de primero de bachillerato científico-técnico, ya que entendíamos que ahí estaban los que en un futuro podrían ser profesionales de la arquitectura técnica.
Sin embargo, desde el primer momento nos dimos cuenta de que el proyecto iba mucho más allá de nuestros objetivos iniciales, resultando ser una manera muy simpática, práctica y divertida de llegar a la juventud con nuestro mensaje. La evolución ha sido espectacular: el concurso ha sido increíblemente bien recibido por el alumnado, el profesorado, los propios centros educativos y los medios de comunicación, superando con creces todas nuestras expectativas hasta llevarnos a la participación de 31 provincias, casi 1.000 centros educativos y a una final nacional espectacular en la que hemos reunido a 200 personas.
El año que viene preveemos un nuevo aumento de la participación, ya que contamos con un buen número de nuevas provincias confirmadas.
Tras convivir con miles de estudiantes durante estas tres ediciones, ¿qué cree que descubren sobre la construcción cuando participan en una iniciativa como esta?
Todos los alumnos reciben una caja con los materiales y, de repente, descubren la ciencia y la precisión que hay detrás de la construcción. Al tener que dosificar, mezclar, curar y, finalmente, ensayar la resistencia de sus propias probetas, se dan cuenta de que esto no va de mezclar materiales al azar.
Ven de primera mano que detrás de cada edificio hay tecnología y un control de calidad riguroso.
Además, aunque en principio no formaba parte de nuestros objetivos pedagógicos iniciales, desde el primer momento comprobamos que el concurso permitía a los alumnos conocer de cerca un gran desconocido para ellos: el hormigón.
El proyecto les brinda la oportunidad de descubrir de primera mano sus componentes, la tecnología que hay detrás de su fabricación, sus distintas aplicaciones, su durabilidad y su importancia fundamental en nuestras edificaciones.
Esta final nacional ha contado con el patrocinio de ANEFHOP. ¿Qué importancia tiene que empresas, asociaciones y colegios profesionales colaboren para impulsar iniciativas dirigidas a atraer talento al sector?
Estamos encantados con la colaboración de ANEFHOP, porque nos ha permitido darle al proyecto una dimensión y un alcance que solos no habríamos logrado. Esta unión entre colegios profesionales y la industria genera una sinergia perfecta.
Hemos visto que este concurso nos permite alcanzar objetivos comunes, y uniendo nuestros recursos llegamos mucho más lejos.
La construcción está viviendo una profunda transformación en ámbitos como la digitalización, la sostenibilidad o la industrialización. ¿Cree que esa evolución está llegando a las nuevas generaciones o todavía queda mucho por comunicar?
Lamentablemente, todavía queda mucho por comunicar. Las nuevas generaciones son nativas digitales y tienen una conciencia medioambiental altísima, pero no asocian esos valores con la construcción porque esa nueva realidad del sector aún no les llega de forma clara. Siguen sin saber que hoy trabajamos con metodologías BIM, con drones, con impresión 3D, o que estamos a la vanguardia en el desarrollo de materiales sostenibles y economía circular.
Si pudiera enviar un mensaje a un estudiante que nunca se ha planteado desarrollar su carrera en este sector, ¿qué le diría?
Le diría que trabajamos en un sector fundamental, presente en absolutamente todos los ámbitos de la sociedad. Que todo lo que nos rodea —los hospitales donde nos curan, los colegios donde aprendemos o las casas donde vivimos— necesita de profesionales técnicos para hacerse realidad. Es una carrera apasionante, con pleno empleo hoy en día, y que ofrece algo muy difícil de encontrar en otros trabajos: la satisfacción de ver cómo tu esfuerzo se materializa en algo real, tangible y que mejora directamente la vida de las personas y el entorno.
