Durante casi cuatro décadas, Roser Parellada ha desarrollado su carrera profesional ligada al control de calidad del hormigón en distintas empresas del sector en Cataluña. Licenciada en Químicas y vinculada históricamente a compañías como OLIVERAS, UNILAND o, más recientemente, FORMIGONS TENES, CANTERA ROCA, FIASA MIX y ÀRIDS DANIEL, su trayectoria representa la evolución técnica y normativa que ha vivido la industria del hormigón en España.
Además de su labor profesional, Roser ha participado durante más de 25 años como vocal del Comité Técnico de ANEFHOP Cataluña, contribuyendo activamente al intercambio de conocimiento y al desarrollo técnico del sector.
En esta entrevista para el blog de ANEFHOP repasamos los cambios que ha experimentado el control de calidad en las plantas, la evolución de los materiales y los ensayos, el papel creciente de la tecnología y la importancia del rigor técnico en un producto tan esencial para la construcción como el hormigón.
¿Cómo recuerda sus inicios en el sector del hormigón y cómo era entonces el trabajo de control de calidad?
Tuve la suerte de incorporarme al sector del hormigón en una empresa cuyo responsable tenía una visión amplia, innovadora y muy comprometida con la calidad.
Recuerdo que una de las primeras cosas que me dijo fue que en ANEFHOP Cataluña había personas de las que podía aprender muchísimo. Tuve la suerte de encontrar un gran maestro, del que aprendí mucho y al que siempre he admirado.
En aquella primera empresa disponíamos de un laboratorio completo (con prensa de ensayo de probetas, cámara de curado tipo piscina, cámara de curado acelerado, equipos para ensayos de áridos, básculas de pesaje, hormigonera, etc.) y de personal dedicado al control de los materiales y del hormigón.
Una anécdota que siempre cuento es que la primera visita que hice fue a una cantera. Me pareció impresionante, con sus bancos perfectamente definidos. Al día siguiente visité mi primera planta de hormigón y la impresión fue muy distinta: no estaba pavimentada, no había carenados y la carga era manual.
En aquella época se suministraban principalmente hormigones R-150 para pavimentos y R-175 para edificación (kg/cm²). Las granulometrías de árido más habituales eran de 12, 25 y 40 mm, y ya comenzaban a utilizarse los aditivos.
Años más tarde participé en la instalación y seguimiento de suministro desde una planta instalada a pie de obra para una actuación excepcional, la Torre de Refrigeración de la Central Nuclear de Ascó. La constructora montó un laboratorio en la propia obra y allí pude comprobar importantes avances en el control de recepción, muchos de los cuales acabarían incorporándose al RD 163/2019 y al Código Estructural. Siempre pongo el mismo ejemplo: todas las probetas se fabricaban en una caseta de laboratorio mantenida a 20 °C, tanto en verano como en invierno. El resultado fue que la dispersión de los resultados era muy reducida.
Después de casi 40 años de trayectoria profesional, ¿cuáles considera que han sido los principales cambios técnicos y normativos del sector?
Cuando hoy visito la mayoría de las plantas de hormigón me doy cuenta de todo lo que ha evolucionado el sector: la automatización de la carga y de los albaranes, los carenados, los filtros, la pavimentación, las balsas de decantación, las medidas de seguridad…
La introducción del concepto de durabilidad supuso un cambio muy importante. Se pasó a emplear hormigones de mayor resistencia (25 N/mm² para edificación) y a establecer diferentes contenidos de cemento y relaciones agua/cemento en función del ambiente de exposición. También cambiaron las unidades de resistencia, los requisitos mínimos de cemento y las relaciones máximas agua/cemento según el ambiente.
El RD 163/2019 ha supuesto un importante avance al implantar un control de producción auditado por un organismo externo. Desde el 31 de marzo de 2021, todas las plantas de hormigón deben cumplir los requisitos establecidos en este reglamento para poder suministrar hormigón a obra.
Por su parte, el Código Estructural (RD 470/2021) establece claramente que el constructor debe disponer de un habitáculo para conservar las probetas cuando la temperatura supere los 30 °C. Estoy convencida de que, si este requisito se cumpliera de forma generalizada, disminuirían muchas reclamaciones relacionadas con la calidad.
Ha trabajado en distintas empresas y realidades del sector. ¿Qué aprendizajes le ha aportado esa experiencia?
Trabajar en distintas empresas, con plantas de hormigón, canteras y ámbitos tan diversos como la ISO 9001, la seguridad y salud, los DCOR, el control de producción en fábrica de áridos o las DAP, me ha aportado una experiencia muy enriquecedora. Siempre he intentado quedarme con lo mejor de cada empresa y aplicarlo en las siguientes. También quiero destacar que la relación y la comunicación con mis responsables siempre han sido muy satisfactorias.
¿Qué importancia tiene el control de producción y el trabajo de laboratorio para garantizar la calidad del hormigón?
Creo que es fundamental conocer bien las materias primas que se van a utilizar, así como los materiales disponibles en la zona, por si en algún momento es necesario cambiar de suministro. Esto permite realizar previamente los ensayos de laboratorio necesarios.
Siempre recomiendo hacer primero las pruebas en el laboratorio y, posteriormente, comprobar su comportamiento en obra.
También considero muy importante que el director de Calidad haga un seguimiento del hormigón durante su puesta en obra, observando su manipulación y el control de calidad realizado, y, si es posible, documentando todo el proceso con fotografías.
Durante más de 25 años ha formado parte del Comité Técnico de ANEFHOP Cataluña. ¿Qué valor aporta este tipo de colaboración técnica entre profesionales del sector?
Esta colaboración aporta una visión mucho más amplia de la realidad del sector en todo el territorio. Cada vez que surge una novedad, se analiza conjuntamente y cada profesional aporta su experiencia.
Hemos compartido conocimientos sobre cambios normativos (EH, EHE y Código Estructural), control de producción en fábrica, DAP, DCOR, contrastes entre laboratorios y muchos otros temas. Esa puesta en común de experiencias es, sin duda, uno de los mayores valores del Comité.
¿Qué mensaje trasladaría a las nuevas generaciones que quieran desarrollar su carrera profesional en la industria del hormigón?
Les diría que es una profesión muy enriquecedora y de la que yo he disfrutado muchísimo. Siempre hay algo nuevo que aprender: nuevos materiales, nuevas normativas, nuevas formas de trabajar… Además, permite tratar con muchas personas diferentes y combina el trabajo de oficina con el trabajo de campo, lo que hace que cada día sea distinto.
