Entrevista Manuel Lascarro (parte 1): Crecimiento, colaboración y liderazgo del hormigón premezclado en Iberoamérica

Desde su creación en 1976, la Federación Iberoamericana de Hormigón Premezclado (FIHP) ha sido un pilar fundamental en el desarrollo del sector en la región. A lo largo de las décadas, la colaboración entre asociaciones nacionales como ANEFHOP y la FIHP ha permitido compartir conocimientos, mejorar la competitividad y posicionar la industria iberoamericana en el contexto global.

Manuel Lascarro Mercado, director ejecutivo de la FIHP, nos ofrece su visión sobre la evolución del hormigón premezclado, su impacto en la construcción y la relevancia de los reconocimientos internacionales en la proyección del sector.

 

¿Cómo describiría la relación entre la FIHP y ANEFHOP?

ANEFHOP es la piedra fundacional de la FIHP. Gracias a su impulso, en 1976 se creó el organismo iberoamericano junto con México, Brasil y Puerto Rico. Desde entonces, ANEFHOP ha sido un referente de modelo asociativo para nuestros miembros en 21 países.

 

¿Qué beneficios ha traído esta colaboración para la industria del hormigón premezclado en Iberoamérica?

La industria del hormigón premezclado presenta desafíos similares en todas las regiones, dadas las particularidades del producto y del negocio. Por lo que siempre existe la oportunidad de aprender algo de alguien. Me he llevado sorpresas en empresas muy pequeñas que tienen alguna buena práctica que algunas grandes envidiarían. Asimismo, me he encontrado países menos desarrollado en el sector  superar obstáculos con innovación y tecnología.

En Iberoamérica, el consumo de hormigón premezclado varía desde un 4% hasta un 60 o 70%, lo que genera una amplia gama de experiencias para compartir a nivel de asociaciones y empresas. Hoy en día, la comunicación facilita estos intercambios, pero debemos reconocer que quienes iniciaron en 1976 estos intercambios fueron verdaderos pioneros en la mejora y competitividad del negocio.

 

¿Qué proyectos conjuntos destacaría como ejemplos del impacto positivo de esta alianza?

En la historia de la FIHP se han desarrollado actividades valiosas de intercambio y capacitación. Por ejemplo, la Encuesta de Indicadores de la Industria del Hormigón, que realizamos desde 2007, recoge de forma anónima información de casi 75 indicadores de productividad, sostenibilidad, calidad y seguridad industrial del sector a nivel iberoamericano. Este esfuerzo colectivo ha permitido a muchas compañías compararse con la media y tomar acciones de mejora.

En 2025 estamos ajustando el ejercicio para incluir datos más detallados de sostenibilidad.  También hemos realizado los Congresos Iberoamericanos del Hormigón como espacios por excelencia de estos intercambios (ANEFHOP ha organizado dos encuentros mundiales) y contamos con programas de formación para directores, jefes de planta de hormigón e incluso operadores de hormigonera, capacitando a más de 3000 personas.

 

Recientemente, recibió el prestigioso premio William T. Cavanaugh de ASTM. ¿Qué significa este reconocimiento para usted y cómo refleja su trayectoria en el sector?

Soy ingeniero industrial y me interesan los métodos, los tiempos y movimientos aplicados al sector real.  La patente del hormigón premezclado tiene casi 120 años y, a pesar de toda la tecnología disponible como sensores o inteligencia artificial, seguimos aceptando o rechazando el material con ensayos manuales sujetos a error humano. Asuntos como este me llevaron a vincularme en 2002 a ASTM International, un organismo que tiene cerca de 33.000 miembros en 125 países.

En América Latina los estándares ASTM son la referencia para las normas locales de cemento y hormigón. Una cosa llevó a la otra y fui el segundo latinoamericano en ser designado como miembro de la Junta Directiva de ASTM. En 2011 recibí otro galardón por la contribución a la promoción de los estándares para mejorar la calidad, la sostenibilidad y la seguridad de las construcciones. Recientemente, fui el primer latinoamericano en recibir el galardón William T Cavanaugh, el máximo reconocimiento de la entidad, otorgado por unanimidad por su Junta Directiva.

 

¿De qué manera este tipo de reconocimientos impulsa el desarrollo y la visibilidad de la industria iberoamericana en el contexto global?

Más que reconocimiento personal, este premio  refleja la visión construida desde la FIHP. Represento a la entidad como embajador de los empresarios de Iberoamérica y mantengo un diálogo constante con los directores de las asociaciones, incluyendo nuestros pares de ERMCO y NRMCA en EE. UU. La industria iberoamericana del hormigón ha ganado espacio en el contexto global, participando en la Global Cement and Concrete Association, el Concrete Sustainability Council y ERMCO, además de intervenir en cumbres climáticas de la ONU como la COP28.

La industria tiene muchísimo que contar y son cosas positivas, empezando por algo que el propio Secretario General de Naciones Unidas ha dicho: hoy en día el hormigón sigue siendo esencial para el desarrollo.

 

Desde su perspectiva, ¿cómo ha evolucionado la industria del hormigón en Iberoamérica en los últimos años?

En los últimos 30 años, productos como el hormigón autocompactante, los hormigones permeables o los de alto performance han ganado popularidad, aportando enormes ventajas para las construcciones. La sostenibilidad ha impulsado una mayor eficiencia en el uso de materiales y hormigones bajos en carbono. Sin embargo, la normativa y los códigos técnicos no han evolucionado al mismo ritmo.

El sector del hormigón sigue rezagado en tecnología e integración con otras industrias. En varios países, la industria del hormigón formal tiene que exigir a las autoridades que hagan cumplir las normas técnicas, fundamentales para la seguridad estructural, el coste y la sostenibilidad.

 

¿Cuáles son los principales retos que enfrenta la región en términos de innovación, sostenibilidad y competitividad?

Precisamente, estos tres temas han sido definidos como prioridad por la Junta Directiva de la FIHP, encabezada por su nuevo presidente, Ricardo Pérez Shulz, para el periodo 2025-2026.

En cuanto a innovación, la mayor oportunidad radica en la aplicación de la inteligencia artificial a la industria. Algunas empresas ya la utilizan para optimizar predicciones de programación, análisis de rentabilidad de clientes, selección de personal y diseño de mezclas. Cada uno de estos aspectos puede representar millones de euros en ahorro, y la FIHP ha creado un grupo de trabajo específico para abordar este tema.

En sostenibilidad, mantenemos un intercambio constante con la GCCA para impulsar la demanda de hormigón bajo en carbono. Más de 60 países han asumido el compromiso de fomentar este cambio a partir de la COP30, que se celebrará en Brasil. Sin embargo, esto requiere establecer protocolos de reporte transparentes, definir líneas base de contenido de CO2 con datos confiables, contar con entidades certificadoras y capacitar a los profesionales del sector. Es un desafío complejo y costoso, pero imprescindible. En EEUU, por ejemplo, el Gobierno ha destinado cerca de unos 8 millones de euros exclusivamente para impulsar estos avances en la industria del hormigón. Además, la tecnología ya utilizada en los sistemas de despacho y logística del sector jugará un papel clave en los futuros sistemas de reporte de sostenibilidad, y en este aspecto también está trabajando la FIHP.

Finalmente, en competitividad, hemos reestructurado la Encuesta de Indicadores. Si no contamos con datos regionales sobre cuántos m³ se producen al mes por conductor, por hormigonera o por jefe de planta; cuántos accidentes se registran por cada m³ despachado; cuánta agua se consume; o cuánta cantidad de material cementante se usa para una determinada calidad de producto, resulta difícil plantear estrategias de mejora individual. En 2025, pondremos el foco en la calidad del servicio al cliente dentro de la industria, los tiempos de operación y la eficiencia en general.

 

¿Cuáles son las principales similitudes y diferencias entre las industrias del hormigón en Iberoamérica y Europa?

Podríamos decir que hay una misma variedad como la que hay en Europa. Países donde la práctica es ser propietarios de las hormigoneras y países donde son tercerizadas. Países donde es indispensable contar con el servicio de bombeo y países donde es tercero. Países donde por razones tributarias prácticamente no hay centrales de hormigón, sino plantas dosificadoras y países completamente contrarios.

La diferencia está en que no tenemos una normativa única, lo que es una gran ventaja de la Unión Europea a efectos de las normas de producción y códigos de construcción. Pero creo que los empresarios del sector comparten mucho la visión de cómo salir adelante en el negocio y cuáles son los retos a futuro.

 

¿Qué lecciones cree que Europa puede aprender de Iberoamérica y viceversa?

Como mencioné anteriormente, si algo he aprendido en mi trayectoria en el sector es que, incluso en la planta del productor más nuevo, más pequeño e incluso en la del más desorganizado, siempre hay algo que aprender. Esto explica por qué encontramos muchos latinoamericanos al frente de operaciones en Europa, Asia o Estados Unidos con éxito, de la misma manera que vemos europeos en Latinoamérica. Existen retos comunes con complejidades regionales específicas, pero en el fondo afrontamos los mismos desafíos.

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