En las afueras de Sabiñánigo (Huesca), sobre los ríos Aurín y Gállego, se ha levantado una infraestructura que marca un hito en la ingeniería civil europea: un viaducto de 936 metros de longitud ejecutado con cimbra autolanzable, el más largo construido con esta técnica hasta la fecha en el continente.
La obra forma parte del nuevo tramo de 8,6 km de la autovía A-23 entre Sabiñánigo Este y Oeste, promovido por el Ministerio de Transportes y adjudicado a la UTE formada por Rover y Aldesa. Su ejecución supone una mejora clave en la movilidad del eje Huesca–Jaca y contribuye a completar el trazado de la Autovía Mudéjar, que conectará Sagunto (Valencia) con Jaca (Huesca), reforzando la cohesión territorial.
Una solución técnica a un entorno protegido
El viaducto, de once vanos, 50 metros de altura máxima y un tablero de 25 metros de anchura, se ha diseñado para evitar cualquier apoyo sobre el cauce de los ríos. Por este motivo, se optó por soluciones constructivas avanzadas: una cimbra autolanzable de 92 metros y el uso de carros de alas, que han permitido ejecutar el tablero con precisión, respetando los condicionantes medioambientales del entorno pirenaico.
Esta solución estructural, común en obras de gran envergadura, exige un nivel técnico elevado y una planificación rigurosa por parte de la constructora. También requiere un hormigón con propiedades específicas y un sistema de suministro robusto, capaz de adaptarse a las particularidades del proceso constructivo.
El papel del hormigón: alta resistencia, bombeabilidad y adaptación al clima
El suministro de hormigón preparado fue asumido por Hormyapa, empresa aragonesa asociada a ANEFHOP, con plantas en Sabiñánigo y Jaca. Según explica Saúl Lalaguna, director técnico de la compañía, el gran reto fue “adaptarse a las condiciones especiales del proceso de vertido con autocimbra, con temperaturas extremas y bombeos exigentes, y no tanto la fabricación del hormigón en sí”.
El hormigón utilizado fue un HP-50/L/12/IIa+F, empleado en losa, hastiales y tablero. Se requería una consistencia de 20-25, capaz de fluir a través de armaduras densas, y a la vez evitar fenómenos de sifonamiento. Además, debía ser bombeable a grandes distancias: bombas de hasta 68 m de brazo y líneas estáticas de 130 m, complementadas con distribuidoras móviles en altura.
La obra se ejecutó durante todo el año, lo que obligó a ajustar la dosificación según las condiciones climáticas: aceleradores de fraguado para invierno (evitar heladas y sifonamientos) y control de tiempos de consistencia en verano (prevenir juntas frías y mantener trabajabilidad). “Se ensayaron distintas formulaciones y aditivos para garantizar la respuesta del hormigón en condiciones adversas, tanto en nuestro laboratorio como en el de Master Builders en Mejorada del Campo”, explica Lalaguna.
Suministro continuo y exigente
En total, cada fase de hormigonado principal requería entre 12 y 16 horas de suministro continuo, con volúmenes de entre 70 y 750 m³ según la etapa (tablero o estructura inferior). Se trabajó con dos plantas: una en Sabiñánigo (a 10 minutos de la obra) y otra en Jaca (a unos 35 minutos), ambas con amasadora fija.
La logística fue clave para garantizar la continuidad del vertido en condiciones técnicas muy estrictas. “Se realizaron pruebas previas con réplicas del encofrado de la autocimbra para evaluar tiempos de fraguado y riesgo de sifonamiento, y se monitorizó el comportamiento del hormigón en diferentes condiciones de temperatura”, detalla Lalaguna.
Una experiencia que deja huella
Aunque no se introdujeron medidas específicas adicionales en el diseño del hormigón, el suministro continuo, la precisión en los tiempos de vertido y la adaptación a las exigencias de bombeo y clima han supuesto un importante desafío técnico para el equipo de Hormyapa
Para Hormyapa, esta obra representa mucho más que un reto técnico. “Ha sido una oportunidad de aprendizaje en condiciones de bombeo extremas y un orgullo haber participado en una estructura emblemática para nuestro pueblo”, concluye su director técnico.
Con este proyecto, ANEFHOP pone en valor el papel que juegan sus empresas asociadas en la ejecución de obras de alta complejidad técnica, trabajando en colaboración con grandes constructoras y contribuyendo al desarrollo de infraestructuras estratégicas para el país.

